4 mins 1 hora

Desde la Casa de Gobierno aseguran que la senadora ocultó las bajas clave de aliados provinciales y provincianos como Mendoza y Salta. La decisión de retirar la iniciativa se precipitó tras una llamada directa entre Flavia Royón y Diego Santilli, destapando una crisis que erosiona aún más la relación con Javier y Karina Milei de cara a 2027.

La caída del capítulo de extranjerización de tierras del proyecto impulsado por Federico Sturzenegger desató un terremoto político en el seno del oficialismo. La Casa Rosada responsabilizó directamente a la presidenta del bloque de La Libertad Avanza en la Cámara Alta, Patricia Bullrich, a quien acusan de haber ocultado deliberadamente la falta de avales parlamentarios y de falsear el número real de adhesiones para sostener la votación.

El quiebre definitivo en las negociaciones se produjo cuando el ministro del área se comunicó con la senadora salteña Flavia Royón. Contrariamente a lo que figuraba en las planillas que la exministra de Seguridad exhibía en sus estimaciones, Royón confirmó de manera tajante su rechazo a la normativa. Este posicionamiento se alineó con el giro estratégico del gobernador Gustavo Sáenz y de otros mandatarios provinciales que advirtieron sobre el alto costo político y la impopularidad de una medida resistida fuertemente por sectores juveniles y sociales.

Tras cortar la comunicación con la dirigente salteña, los operadores oficialistas confrontaron los datos y constataron que la falta de respaldo era generalizada. Entre las bajas ocultadas figuraba también la del exgobernador mendocino y senador radical Rodolfo Suárez, quien había anticipado su ausencia para evitar sufragar a favor de la iniciativa, un detalle que la conducción del bloque intentó silenciar en la previa.

La cadena de deserciones se completó en simultáneo con el anuncio público del tucumano Osvaldo Jaldo sobre el voto negativo de Beatriz Ávila —también contabilizada erróneamente por Bullrich como positiva— y el posicionamiento del neuquino Rolando Figueroa, lo que sirvió de cobertura para que la senadora Julieta Corroza confirmara su oposición a la norma.

Fuentes parlamentarias confirmaron que el malestar se extendió entre los propios aliados. Dirigentes como Carlos «Camau» Espínola y la propia Ávila habían advertido sobre la fragilidad del número mágico de 37 votos que pregonaba la conducción oficialista, reclamando no exponer a los bloques dialoguistas a una derrota por empate técnico. Sin embargo, la estrategia continuó adelante hasta volverse insostenible.

En los despachos de Balcarce 50, el impacto político dejó secuelas profundas. Desde el entorno de Javier y Karina Milei deslizaron que la figura de la senadora quedó severamente dañada, descartándola de cualquier especulación electoral con vistas a las postulaciones de 2027.

El enojo presidencial responde a una acumulación de cortocircuitos recientes, que van desde filtraciones de chats privados que tensaron el vínculo con la vicepresidencia hasta desacuerdos públicos en la gestión. La impericia en el manejo legislativo de esta sesión obligó incluso a rediseñar agendas institucionales de alto nivel, evidenciando una crisis de coordinación que vuelve a poner a prueba la disciplina del oficialismo en el Parlamento.

Compartir: