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La Iglesia católica celebra el 31 de diciembre el día de la Visitación de la Virgen María, un evento que se remonta a la vida de la Madre de Dios en el siglo I.

Según la tradición cristiana, la Virgen María viajó desde Nazaret hasta la casa de su prima Santa Isabel, en la ciudad de Judea, en un acto de amor y solidaridad.

El encuentro entre las dos mujeres tuvo un gran impacto en la historia de la salvación. La Virgen María, que estaba embarazada de Jesús, se dirigió a Santa Isabel para anunciarle que estaba esperando un hijo.

La respuesta de Santa Isabel fue profética: ‘¿Por qué es esto para mí? / que la madre de mi Señor vaya a mí?’ (Lucas 1:43).

La Visión de la Virgen y Santa Isabel es un momento crucial en la vida de la Virgen María, ya que marca el primer salto de San Juan Bautista, que se encontraba en el útero de su madre.

El canto profético del Magnificat, que la Virgen María entona en este momento, es un himno de alabanza a Dios que resalta la historia de la salvación en la que está inmersa.

‘De aquel que me hizo con misericordia y que de la profundidad de la miseria me sacó / y me sentó en los altares / a los que me hablan de otros, he aquí, dice la boca del Señor / a los que esperan en el Señor su alma busca a Dios su Dios.’

El Magnificat es un canto que se repite en la liturgia cristiana durante la Navidad y que refleja la alegría y la gratitud de la Virgen María por el nacimiento de su hijo Jesús.

La Visitación de la Virgen María es un recordatorio de la importancia de la fe y la solidaridad en la vida cristiana. Es un llamado a seguir el ejemplo de la Virgen María, que siempre estuvo dispuesta a recibir a los demás y a compartir su amor con ellos.

En la Iglesia católica, la Visitación de la Virgen María se celebra con misas y oraciones especiales, y es una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la fe y la solidaridad en nuestra vida.

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