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La llegada de Santiago Martín Santilli como ministro coordinador en la Casa Rosada fue recibida con alivio y entusiasmo por parte del Gobierno, pero detrás de las buenas palabras y de la foto con 14 gobernadores provinciales, comenzó a asomar la dura realidad de la política argentina.

El problema es que el PRO, el partido de Mauricio Macri, anticipó que no tiene la reforma electoral en sus prioridades, lo que significa que la tarea de Santilli de conseguir los votos para sancionar los cambios en la Ley de Zona Fría se vuelve aún más difícil.

La llegada del invierno reforzó la queja de los distritos que serán perjudicados por la reforma, y el Colo, el sector más crítico, busca conducir a Patricia Bullrich en el Senado y contener la relación inestable con Mauricio Macri.

En medio de esta complicada situación, Santilli tiene que mantener la relación con los gobernadores, pero también tiene que enfrentar la realidad de la política argentina, donde la polarización y la falta de consenso pueden hacer que cualquier intento de reforma se vuelva un desafío insuperable.

La pregunta es si Santilli puede encontrar una solución para los problemas que enfrenta el país, o si la política argentina seguirá siendo un laberinto sin salida.

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