Recuerdo a los Redondos en los conciertos de los ochenta como si fuera ayer.
Fui un joven lobo quemándome de amor, coreando canciones y versos en Cemento o Casa Suiza.
Aullando desde el pullman en Satisfaction, en Constitución, estuve ahí, pero no recuerdo demasiado.
Mi hermana me contó cuando fuimos a ver a los Redondos en Airport, una discoteca cerca de Puente Saavedra.
Me describió una imagen que yo me había olvidado, cuando empezó el agite la subí a un parlante y le decía: ‘quedate acá’.
Y después me perdí en el pogo.
No recuerdo demasiado, pero hay algo que sé y que no me olvidaré jamás.
Y es que estuve ahí y me sentí vivo.
Y también me acuerdo de otra cosa.
Que cuando empezó a llegar más gente, cuando empezamos a ser más, no fue algo que me haya molestado.
