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La noche del 21 de abril, la ciudad de Buenos Aires se vistió de rock en el Teatro Coliseo, donde la banda colombiana Aterciopelados tocó por primera vez en el país después de más de una década.

La banda, liderada por la voz y la guitarra de Andrea Echeverri, regresó a la Argentina para conmemorar los 30 años de su álbum ‘La pipa de la paz’, un clásico del rock latinoamericano que ha sido un referente para generaciones de músicos y fans.

El concierto fue más que una fiesta: fue un acto de unión y solidaridad. La banda lanzó un mensaje claro a las autoridades argentinas y a la sociedad en general: que la lucha por la protección de los glaciares patagónicos es una causa justa y que no se debe rendir.

Con canciones como ‘La pipa de la paz’, ‘La aventura de los ángeles’ y ‘Hasta que te conoci’, Aterciopelados llevó a los fans a un viaje a través de la historia y la política de América Latina. La conexión con el público fue instantánea, y la energía en el escenario fue contagiosa.

La Ley de Glaciares, que busca proteger los glaciares patagónicos de la explotación por parte de empresas mineras y energéticas, es una cuestión candente en Argentina. La banda se sumó a la lucha de los ecologistas y los pobladores locales, que han denunciado las violaciones a los derechos humanos y al medio ambiente que se están cometiendo en la región.

En un discurso antes del concierto, Andrea Echeverri se dirigió a los fans y les dijo: ‘Estamos con ustedes en esa lucha. La paz es un derecho humano y un deber ciudadano. La protección de la naturaleza es un deber de todos nosotros’.

El concierto fue un éxito total, con una multitud de fans de todas las edades que se sumaron a la fiesta. La banda tocó con pasión y dedicación, y la conexión con el público fue total. Fue un momento de unión y solidaridad, en el que la música se convirtió en una herramienta de cambio y lucha.

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