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Con el lema «40 años de democracia», la porteña Noche de las Librerías propuso un circuito para el público apasionado por la lectura, sobre la avenida Corrientes entre Callao y Cerrito, con talleres de escritura, performances, 45 librerías abiertas hasta la madrugada y la presencia de autores como Martín Kohan, Selva Almada, Claudia Piñeiro y Luciano Lutereau, entre otros.
Entre las más de 50 actividades ofrecidas hubo un espacio para reflexionar sobre cómo se transformó la industria editorial argentina desde el regreso de la democracia. En el escenario Antonio Di Benedetto, dialogaron Raquel Franco, de Pequeño Editor; Florencia Cambariere, de V&R; y Víctor Malumian, de Ediciones Godot.
Franco, editora especializada en literatura infantil juvenil, destacó que «la primera transformación» dentro de ese nicho «fue en el mundo de los libros educativos» que «primero empezó de la mano de las editoriales medianas y luego se proyectó a las grandes». «Fueron años de apertura y construcción pero todavía había una gran concentración editorial», si bien «la relación con los libros fue transformada después de la dictadura» y «la apertura ahora es total y enorme», sigue habiendo en la actualidad «una cicatriz de la dictadura», advirtió.
Cambariere recordó el boom digital: «me parecía que era la forma de que vivieran los catálogos eternamente, el modo donde uno puede encontrar cualquier libro en cualquier lugar», aunque el libro en papel sigue ganando. «Ahora se sumó el audiolibro, que recupera la tradición de los 80 y los CD, pero el formato CD en la historia de la música fue un momento muy breve, en cambio el libro siempre se sostuvo», argumentó.
La conversación viró sobre los rasgos, eventos y características que distinguen a la Argentina dentro de la lengua castellana y Malumian consideró que «la diferencia es la educación pública y gratuita», que «impacta en los lectores». «Acá se pueden vender libros que penetren por complejidad. Viendo el lado negativo, España está mucho más densamente poblada, las distancias son más cortas y hay sistemas de distribución más eficaces», a lo que «podemos sumar restricciones aduaneras y a que las editoriales exporten porque es complejo», dijo y destacó como positivo a las editoriales independientes. «Si uno piensa en las 10 escritoras con más ventas, como Samantha Schweblin, primero publicaron por una editorial independiente», remarcó.
Y sobre los problemas estructurales en la edición, planteó que «las ideas están sobre la mesa», entre ellas, «poner nodos de distribución, que viajen los libros subvencionados por Correo Argentino y que si es uno solo, que pueda hacerlo gratis. Eso facilitaría mucho el movimiento de stock». En cuanto al papel, «hablamos de que haya una cuota de mercado para los libros y, por otro lado, el tema de las aduanas», concluyó.
Entrada la noche y con un público que ocupó todo el cruce de Corrientes y Uruguay, Claudia Piñero, autora de Catedrales; Selva Almada, autora de Chicas Muertas; y Débora Mundani, que publicó Batán y fue premiada por el Fondo Nacional de las Artes, ensayaron algunas respuestas sobre cómo la cuestión de género atraviesa la literatura. «Había una presencia de varones que era mucho más visible y que tenía su lugar en el mercado, y no así tantas escritoras», recordó Almada sobre su inicio en su profesión.
Mundani rescató a Liliana Heker y a Hebe Uhart como «dos maestras» y sus colegas coincidieron. «Pienso en mi biblioteca infantil, que estaba llena de escritoras, y en las grandes referentes. Habría que pensar si hay un salto a un tipo de literatura ahora porque la formación de lectores fue de obras escritas por mujeres», planteó la autora de El Río.
Las tres escritoras compartieron anécdotas de entrevistas de sus libros. «Cuando salió El viento que arrasa, que es anterior a Chicas muertas y que me puso en la estantería de feminismo de las librerías, en una de las primeras entrevistas que me hicieron el periodista me preguntó ‘¿Y cómo reaccionan las mujeres? Porque vos dejás muy mal paradas a las mujeres de la novela, que por distintas razones dejan a sus hijos’. Se le cuestiona a una mujer que es madre dejar a su hijo para ir a trabajar, pero no a un padre», reflexionó Almada.

«Cuando publiqué Batán el comentario que me hacían era que la madre no estaba presente en la casa y ahí se trabajaba en esa omisión. Era una madre que trabajaba todo el día», recordó Mundani y precisó: «El tema está en cuál es la mirada que nosotras podemos ofrecer al mundo literario, qué perspectiva ponemos. Hablar de literatura femenina es darle de comer a los posicionamientos de mercado».
Sobre el mercado literario y el supuesto ‘boom’ de la literatura de mujeres, Piñeiro advirtió que «no hay un Mercado pidiéndonos ‘hagan libros’. A las escritoras que les va bien es porque escriben bien e interesa lo que escriben».
Mundani trajo a cuento el título de la mesa, Tres amigas, cuando señaló que «por suerte hay compañerismo y generosidad entre varias de nosotras, habría que pensar, tanto en editoriales pequeñas como medianas, por qué el lugar de edición lo ocupan grandes escritoras pero las cuestiones que tienen que ver con dinero la toman los hombres».
«Tal vez, la sororidad sirve para alguna de las cuestiones que tienen que ver con el mundo de la circulación. Hay mucha generosidad en el boca a boca. Por ejemplo, de escritoras como Claudia, que han compartido la lectura de escritoras que venimos atrás en la radio y las recomendaciones que se hacen, eso vale un montón», destacó Mundani.
También se habló sobre qué sucede con la libertad de escritura en tiempos democráticos a partir de la proliferación de discursos de odio en redes sociales, teniendo en cuenta que Piñeiro fue amenazada por sus libros.
«Da la sensación de que en las redes se preguntan cuál es la mujer que vamos a atacar. La verdad es que a mi me afecta. Después me repongo porque voy a decir todo lo que quiero decir. El fachismo es intimidar para que no sigas diciendo. En los libros no voy a dejar de decir lo que quiera decir», confío Piñeiro y propuso: «Todas como sociedad deberíamos repudiar ese acto».
La conversación tejida entre las escritoras fue acompañada de grandes aplausos y para finalizar se preguntaron qué es la escritura. «Es un riesgo, es también abismarse, es pensar la propia escritura no solo encerrándonos en nosotras sino en relación a nuestras contemporáneas», reflexionó Almada y Mundani recomendó Elogio del riesgo, de Anne Dufourmantelle, «para escribir persiguiendo los riesgos».
«Fútbol, política y democracia» fue la premisa que reunió a Martín Kohan, autor de Hola, requiem para el teléfono, y Sergio Olguín, que conversaron sobre cómo el fútbol permite acercarse a personas con las que de otra manera no se conectarían.
«Ser hincha de Boca fue la forma de comunicación con mi viejo y lo que nos permitía estar cerca y demostrarnos amor», contó Olguín. A lo que Kohan agregó: «por la Selección argentina me alegré mucho, pero a quien pateó ese último penal no lo grité», en referencia al exjugador de River Plate Gonzalo Montiel, y las personas aplaudieron entre risas.
«¿A quién le aplauden? ¿A mí o a Montiel?», replicó y las respuestas se bifurcaron entre «a vos» y «a Montiel».
La Noche de las Librerías hechizó a un público que caminó de escenario en escenario a través de paradas como las librerías Hernández, Losada, La Cátedra y la Cooperativa, derribando una vez más el mito de que la literatura es una práctica en solitario.
Según el Ministerio de Cultura porteño se proyectaba que 95 mil personas asistirían a este encuentro hasta la 1 de este domingo y el caudal de ventas «era significativamente mayor respecto a un fin de semana normal, aumentando entre un 30% y un 100%, y en algunos casos triplicando la facturación».

«Teníamos muchas ganas de volver a celebrar La Noche de las Librerías. Desde temprano vino mucha gente a pesar del calor que parecía que iba a hacerlos desistir y ahora hay una brisa muy agradable en esta edición tan especial, dedicada a la democracia», dijo a Télam el ministro de Cultura de la Ciudad, Enrique Avogadro.

Este encuentro «es muy importante porque significa un porcentaje importante de las ventas de las librerías y en definitiva lo que celebra es el vínculo que tiene esta ciudad con el libro y con ese oficio, que son los libreros que recomiendan libros», acotó.

FUENTE: P12.COM.AR

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