El impacto de ser leído en un tiempo y en un espacio, en un viaje en colectivo, o de un «tirón». Los libros breves, de pocas páginas, tienen cada vez más notoriedad y son publicados generalmente por editoriales medianas y pequeñas.
Encarnó en vida la referencia esencial de ese universo tan complejo como condicionado al que todavía se llama folklore.
Estarán presentes Cortiñas junto a Gerardo Szalkowicz, autor del libro “Norita: la Madre de todas las batallas”, que recorre su vida y reconstruye la historia militante de su hijo Gustavo. Será este viernes a las 18 en la facultad de Ciencias Sociales de la UBA. […]
Un itinerario que explora la evolución de la estampa y la ilustración en la mano de un artista visionario
Luis Ventura se refirió a la polémica que rodea al premio a Jonatan Viale y cuestionó a Sietecase en los Martín Fierro
El Banco Central aceleró la acumulación de reservas en diciembre al comprar unos US$ 1.987 millones en el mercado cambiario, impulsado por el programa de incentivo a las exportaciones del sector soja, y logró cerrar el año cumpliendo con la meta fijada en el acuerdo […]
El Banco Central aceleró la acumulación de reservas en diciembre al comprar unos US$ 1.987 millones en el mercado cambiario, impulsado por el programa de incentivo a las exportaciones del sector soja, y logró cerrar el año cumpliendo con la meta fijada en el acuerdo con el FMI.
En concreto, el BCRA terminó la rueda de este viernes con compras por US$ 133 millones y en el año alcanzó los US$ 5.824 millones, superando la marca de compras netas registradas en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) de 2021.
Respecto del año pasado, la autoridad monetaria superó la marca de compras netas por US$ 300 millones y el cierre del año muestra un sobrecumplimiento de las metas de acumulación de reservas superior a los US$ 440 millones.
“Vamos a cumplir la meta que tenemos planteada para fin de año, especialmente con lo que ingresó del dólar soja y otros ingresos que estamos esperando del financiamiento chino para las represas, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otras multilaterales”, había anticipado el presidente del BCRA, Miguel Angel Pesce, a fines de noviembre.
Según datos actualizados del BCRA, las reservas internacionales cerraron el año en US$ 44.588 millones luego de haber iniciado 2022 en US$ 39.582 millones.
De esta forma, las reservas crecieron a lo largo del año US$ 5.006 millones.
FUENTE: TVP.COM.AR
El género muestra en la Argentina asimetrías entre calidad, producción y distribución, y un público fiel pero limitado.
El que termina fue el año del regreso al vivo: lo mejor que le podía suceder a una música como el jazz, performática y repentista por naturaleza. Sin embargo, para la escena local, la que pasó fue una temporada no muy distinta de otras. Con asimetrías entre calidad, producción y distribución; un público fiel pero limitado; cierta orfandad de eventos aglutinadores que den cuenta de su existencia más allá del encanto de los clubes especializados. El jazz que se hace en Buenos Aires sigue siendo una gran música en busca de oyentes. ¿Un dato positivo? Que a pesar de una situación objetivamente poco favorable, mantiene una vitalidad creativa superlativa, acaso única en el panorama de las músicas que se producen en la Argentina.
Más allá de algunas presencias internacionales y un festival que ha perdido peso y volumen respecto a ediciones anteriores, no abundaron en la agenda porteña los grandes eventos de jazz. En este sentido, el regreso de Pat Metheny, en octubre, fue el acontecimiento del año. Con dos shows en el Gran Rex, el guitarrista de Misuri renovó su contrato afectivo con un público incondicional, de edades y proveniencias variadas. Las derivas bailables del saxofonista Kamasi Washington en el Complejo Art Media (junio); el sabor latino del experimentado Arturo Sandoval en el Teatro Ópera (agosto); y el funky bien temperado del trompetista Terence Blanchard en el Teatro Coliseo (diciembre), aportaron a un panorama en leve ascenso. También el gran saxofonista Branford Marsalis pasó por Buenos Aires, pero solo para tomar el avión que lo llevó a Mendoza para tocar en al marco del Sax Fest (octubre).
El Festival Internacional de Jazz de Buenos Aires volvió a la presencialidad plena, con propuestas artísticas muy interesantes, pero sin la presencia necesaria para constituirse en un faro. El trompetista chileno Sebastián Jordán, la contrabajista catalana Giulia Valle, el saxofonista Antonio Hart, el pianista suizo Nik Bärtsch y la pianista italo-norteamericana Simona Premazzi animaron la programación central en la Usina del Arte, además de ofrecer talleres y clases magistrales.
En un ámbito más recogido, el siempre activo trompetista Mariano Loiácono, además de batallar con su quinteto y su big band, promovió y acompañó un apreciable segmento internacional en Bebop Club. El pianista Anthony Wonsey, la cantante Eve Cornelious, el baterista Willie Jones, el guitarrista Russel Malone y el saxofonista Antonio Hart ofrecieron series de presentaciones en el clásico reducto de la noche musical porteña, donde además hasta febrero se puede ver la muestra de fotografías de Adriana Mateo sobre el legendario trompetista Roy Hargrove.
También este año en los discos de jazz y satélites hay calidad y variedad, por lo que intentar establecer una lista “los mejores” quedaría en el ámbito del puro capricho. No obstante, se podría destacar el ojo y oído que sobre músicos argentinos puso el sello norteamericano ears&eyes Records. Ahí entraron este año, entre muchos otros, Donde el mundo ocurre, el último trabajo de Ernesto Jodos, que al frente de un quinteto que se completa con Inti Sabev (clarinetes), Juan Pablo Hernández (guitarra), Diana Arias (contrabajo) y Sergio Verdinelli (batería), agrega otro capítulo al fascinante juego de ida y vuelta entre formas y abstracciones que sabe reflejar en su música. El lenguaje radicalizado de La emperatriz, de la pianista y compositora Pía Hernández, junto a Nacho Szulga (contrabajo), Nicolás del Águila (batería) y Lucas Goicoechea (saxo); la búsqueda tímbrica, entre el fervor acústico y la discreción electrónica, que el contrabajista Nicolás Ojeda activa como un ejercicio de libertad estilística en Reebot; el candor juiciosamente alterado de la saxofonista y compositora Ingrid Feniger, en Lloré fuegos, soñé ríos, con Andres Elstein (batería), Leonel Cejas (contrabajo) y Noel Morroni (piano); el desparpajo hardbop de 2(XL) de Relojeros Ya No Quedan, el cuarteto del que además de Jodos y Verdinelli están el saxofonista Rodrigo Domínguez y el contrabajista español Javier Moreno.
Pipi Piazzolla se distrajo por un momento de Escalandrum y sacó Stick Shot, obra propia, jazz de alta densidad rítmica, con Lucio Balduini y Damian Fogiel; Pepe Angelillo, una vez más, conjugó riesgo y sutileza en Re-Sonar, junto al “Mono” Hurtado y Carto Brandan. Juan Cruz de Urquiza prolongó su aura de gran maestro en Última chance, donde entre otros toca su hijo Sebastián, contrabajista, que a principios de año publicó el segundo volumen del notable Unity, un trabajo de música propia interpretada por una banda multinacional. Son, de Martín Robbio junto al inagotable Facundo Guevara; el inspiradísimo y gratamente guitarrístico Impasse, de Guillermo Bazzolla; y Un caos lúcido de la pianista rosarina Rocío Giménez López, editado por BlueArt –que también sacó Travesía, de Gustavo Beytelmann–, son dignos de la mejor atención. Como lo son Unánime, de la cantante Roxana Amed, con invitados del calibre de Niño Josele, Pedro Aznar y Chucho Valdéz, y Micelio, otra muy buena muestra del folklore imaginario de Rizoma.
El siempre fructífero terreno de las cantantes se mueve entre la elegancia clásica de Julia Moscardini –directora del Festival de Jazz de Buenos Aires– en su ellingtoniano Mood Indigo, hasta el saludable tremor juvenil de Lara Fichera –también contrabajista– en En el filo. Y hay que citar también el excelente Gato Barbieri. Un sonido para el tercer mundo, en la pluma hardbop de Sergio Pujol, y la edición de dos cintas del archivo del inolvidable Carlos Melero con los conciertos porteños de Bill Evans: Morning Glory (1973) e Inner Spirit (1979). Como para dejar en claro que este buen presente se sostiene con historia.
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Fuerte rechazo del sector de trabajadores de varios sectores al fallo de la corte por la ley de coparticipacion.
Trabajadores del campo intelectual, científico, del periodismo y la cultura rechazaron hoy la decisión de la Corte Suprema de Justicia en favor de la Ciudad de Buenos Aires respecto de los recursos coparticipables y llamaron a “la reflexión” de los miembros del máximo tribunal “para que no se vulneren los principios del federalismo, de la división de poderes y de la vida democrática”.
Mediante una carta digital, referentes y representantes de distintos ámbitos desaprobaron la decisión de la Corte que, según indicaron, “reintegra en forma absolutamente indebida recursos pertenecientes al conjunto de los pueblos de la Nación Argentina y a sus provincias”.
En el documento de Google, que continúa abierto para quienes quieran sumarse al rechazo, recuerdan que “una de las primeras decisiones del ex presidente Mauricio Macri fue la de reasignar al distrito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por medio de un decreto, partidas de la coparticipación federal pertenecientes al conjunto de la Nación”.
“Los motivos fueron estrictamente políticos y aquel decreto presidencial vulneraba la Ley de Coparticipación Federal y le asignaba más recursos aún al distrito más rico y poderoso del país en detrimento del resto de las provincias”, destacaron.
Y subrayaron que por “tales motivos el gobierno nacional electo por el pueblo en el año 2019, retrotrajo la situación por medio de un Decreto presidencial, devolviéndole a las provincias los recursos que por ley les corresponden”.
“Se había restaurado la legislación vigente y respetado la voluntad de las provincias”, señalaron.
Para los firmantes, el fallo es “de imposible cumplimiento” y presenta “varias inconsistencias”.
En ese sentido, enumera que “desconoce que la coparticipación sólo puede acordarse por Ley y con la aprobación de todas las provincias; le otorga a CABA un carácter legal que esta no tiene (el de Provincia); se atribuye –la CSJN- potestades del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo (la coparticipación se establece por Ley) y, finalmente, desconoce que de restituirse los recursos que pertenecen genuinamente a las provincias y sus pueblos se vulnera y afecta el principio federal y se afectan las condiciones de vida de millones de habitantes del suelo argentino”.
En esa línea, destacan que “coinciden con el gobernador Axel Kiciloff al señalar el carácter arbitrario de la resolución de la Corte y su calificativo: inmundicia”.
“Llamamos a la reflexión a los miembros de la CSJN para que no vulneren los principios del federalismo, de la división de poderes y de la vida democrática con fallos y decisiones alejadas de la independencia judicial y teñidas de un fuerte tinte político”, completó la carta.
Entre los firmantes aparecen Teresa Parodi; Ricardo Forster; Rosa Bru; Jorge Aleman; Eduardo Rinesi; Alejandro Apo; Roberto Salvarezza; Cristina Banegas; Liliana Herrero; Rita Cortese; entre otros.
El miércoles pasado la Corte Suprema de Justicia de la Nación dispuso que el Gobierno Nacional le pague a la Ciudad de Buenos Aires (CABA) el 2,95% de la masa de impuestos coparticipables.
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Lobby,hecho cultural,vivir del arte
Escuché en el ascensor de un edificio céntrico una charla de tres hombrecitos, uno de ellos era gris. La conversación fue breve y se los veía preocupados por su corta agenda para conseguir nuevos trabajos. Mientras el más decidido dijo: “yo puedo ofrecer contactos”.
Se bajaron en el 4to. piso, y abrazando un portafolio, saludaron con un “buenas tardes” al irse. Quedamos dos, como queriendo transformar la liviandad de un vínculo de ascensor. El suceso dejó un silencio sonoro hasta el piso 19, donde bajamos y nos miramos de reojo.
Me hizo recordar aquella escena del “Secreto de sus ojos” y ese viaje eterno cuando sube uno de sus personajes y logra el momento de miedo y violencia, sin ejercerla.
-“A veces lo que suena superficial puede terminar siendo traumático”-me dijo el abuelito que me acompañó hasta la puerta de salida cuando me retiré de la torre, después de una hora y media.
Como si fuese una sincronicidad de violencia tácita en lo aparentemente sano y amable, me vino una asociación directa entre dos palabras. Las escuché por primera vez en los ´90 y vibran en la misma etimología de lo liviano: Ligth y lobby.
Aquellos años promovieron una renovada versión de la filosofía “Isidoro Cañones”, donde el «fin de siècle» derramó exclusión. De pronto me vi, buscando apoyo en un bar donde la mitad eran borrachines y la otra mitad, borrachines sin laburo, cuando me presentaron un falso curador. Lo único que merecía respeto fue que su familia de san Martín era hincha de Chacarita.
La experiencia personal que me viene a la mente ahora es cuando en el mundo de la “cultura” me recomendaron que hiciera florcitas.
Con esa estructura artificial se corrompe la verdad de un pensamiento genuino y el sabor de la alimentación natural. En esa lógica, la dulzura es corroída por el polvillo mágico y lo verdadero en un vínculo, edulcorado.
Pero antes de juzgar, la memoria me recuerda cuando necesité resolver un trámite en el exterior, y la ayuda de un contacto lo hizo posible. A esa persona la conocí en una exposición de cuadros; lugar donde todos están de espaldas a las pinturas tratando de expandir sus relaciones.
En el universo de cualquier proyecto sin presupuesto, lo único disponible es un desafío inevitable.
Salir a buscar apoyo para poder realizarlo, es la primera de las acciones una vez que el contenido es sólido.
Las variables son inmensas para abrir la ventana a ese trabajo de campo que puede ser un paraíso o un infierno. Incentivar relaciones por interés, es también sembrar tempestades en la selva irreal del lobby.
En el tango “Naranjo en flor”, la estrofa “Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento”, resuena en otra parte del mundo como poesía en la épica del comercio. Se dice que en Yerevan, capital de Armenia, se escuchó a un padre, en el bar de la Plaza de la República, decir: “A mi hijo le enseño a comprar y a vender y luego que busque su camino”.
El dilema de salir a vender una idea del mundo creativo es cuantos sapos uno debe comerse hasta llegar al mecenas.
Para complementar la acción del hecho cultural, el mundo real ofrece una palabra nefasta y salvadora: Lobby.
El lobbista, que está considerado, en el mundo capitalista como una profesión digna y muy bien remunerada, sigue siendo en las regiones más románticas, algo oscuro.
Enchufado, como vía endovenosa, éste trabajo existe desde el principio de la humanidad en las cuevas donde habitan las pinturas rupestres.
El modo lobby es surfear sobre una falsa personalidad, aunque en países como Estados Unidos el lobbista está legitimado como una profesión.
Haciendo una analogía con el fútbol, nos podríamos situar en el círculo central de la cancha donde el trabajo se basa en ser un buen mediocampista. La agenda sería el recorrido de arco a arco y el hacker genera el pase para que la pelota llegue.
Todo artista emergente, para entrarle a las elites, debe evaluar cuál será su construcción. El precio es muy alto si uno elige la pose de cautivar a personajes despreciables del circuito que se denomina artístico. Por tal motivo lo que no sufre consecuencias es que las obras hablen por uno y sean las que también construyan el lobby indispensable. Si el trabajo está bien realizado, la fuerza natural despierta el interés en la nube de relaciones.
Todo aquel que aspire a la conquista de un destino, dependerá de la puntualidad con un espacio-tiempo a favor. Cuando hay armonía entre la idea, el esfuerzo y la constancia, no hay que explicar nada. Todo sucede, y citando a Cerati Iluminado, “El tiempo es hoy”.
El “para siempre” no existe y vivir en modo proyecto nos mantiene conectados con el presente, porque el que especula con su propio tiempo y emociones se encuentra con una de las mejores obras de Milan Kundera: “La insoportable levedad del ser”. Novela del año 1984 que fue llevada al cine y estrenada en 1988. Dirigida por Philip Kaufman y protagonizada por Daniel Day-Lewis, Juliette Binoche y Lena Olin. Es una historia que transcurre en Praga, durante la primavera de 1968 y refleja la vida intelectual, artística y política de Checoslovaquia en aquel momento.
En su desarrollo queda un manifiesto de lo efímero e imprevisible que es el pasaje humano, pese a lo que podemos tener programado. Volviendo a la sensación del ascensor, el lobby organizado siempre estará subordinado al proyecto que tenga verdad.
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La suba de las tasas de interés en Estados Unidos y la quiebra de empresas claves del sector dejan un escenario incierto para el próximo año.
Las criptomonedas terminan 2022 con una fuerte volatilidad y caídas de precios extraordinarias. Por ejemplo, el bitcoin acumula una pérdida en el año del 65 por ciento, mientras que ethereum registra un retroceso de casi 68 por ciento. La suba de las tasas de interés en Estados Unidos y la quiebra de empresas claves del sector dejan un escenario incierto para el próximo año.
Luego de la debacle en noviembre de la Exchange FTX, una de las más grandes del mundo, comienzan a circular rumores de quiebra de otros gigantes del sector. Desde la principal casa de cambios de criptomonedas llamada Binance hasta empresas dedicadas al negocio de la minería de bitcoin.
En este último punto, se destaca la situación de Core Scientific, una compañía de minería que cotiza en la bolsa de Nueva York y solicitó la semana pasada la protección por bancarrota. Core Scientific había salido a bolsa en 2021 en una operación que en su momento valoró a la minera en 4.300 millones de dólares.
La empresa con sede en Austin, Texas, atribuyó su quiebra a la caída de los precios de Bitcoin, al aumento de los costos energéticos de la minería y a una deuda impaga de 7 millones de dólares del prestamista estadounidense de criptomonedas Celsius Network, uno de sus mayores clientes.
Core Scientific declaró en los tribunales que había sufrido una pérdida neta de 435 millones de dólares en el trimestre que finalizó el 30 de septiembre de 2022, y que sólo tenía 4 millones de liquidez en el momento de declararse en quiebra.
La empresa contrató a asesores de reestructuración en octubre ya inició negociaciones con sus acreedores sobre una posible declaración de quiebra desde entonces. Core Scientific dijo que no liquidará la empresa y que pretende llevar a cabo una reestructuración respaldada por los acreedores que poseen más del 50 por ciento de los bonos convertibles de la empresa.
Esos acreedores acordaron aportar hasta 56 millones de dólares en concepto de financiación del deudor en posesión de la empresa, y los titulares de los bonos convertibles se quedarían en última instancia con el 97 por ciento de las acciones de Core Scientific si la reestructuración se aprueba en los tribunales.
Las acciones de la empresa perdieron aproximadamente el 98 por ciento de su valor en lo que va de 2022, reduciendo su capitalización bursátil a unos 78 millones. En su petición de quiebra, Core Scientific dijo que tiene entre 1.000 y 10.000 millones de dólares en activos y pasivos, y entre 1.000 y 5.000 acreedores.
La situación de quiebra sigue a lo que ocurrió semanas atrás con FTX, una de las principales Exchange de criptomonedas del mundo, que en pocas semanas pasó de tener una valorización de miles de millones de dólares a casi cero.
Su dueño Sam Bankman Fried fue acusado de estafa, detenido y extraditado a Estados Unidos. En las últimas horas un juez de Nueva York ordenó la liberación bajo fianza de 250 millones de dólares, mientras espera el juicio por fraude por el colapso de esa plataforma de intercambio de criptomonedas.
La determinación fue tomada por el juez Gabriel Gorenstein, quien emitió el fallo durante la audiencia de lectura de cargos contra Bankman-Fried en un tribunal federal de Manhattan tras su extradición desde las Bahamas.
Bankman-Fried, quien recientemente afirmó que solo le quedaban 100.000 dólares en el banco, tendrá que vivir en la casa de sus padres en Palo Alto, California. Y según el acuerdo, el exmultimillonario de 30 años, una vez promocionado como un posible futuro Warren Buffett, estará sujeto a monitoreo electrónico.
FTX y su casa comercial hermana, Alameda Research, quebraron el mes pasado, disolviendo un negocio comercial virtual que en un momento había sido valorado por el mercado en 32.000 millones de dólares.
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La importancia de los arqueros; Kempes, Maradona y Messi; las grandes revelaciones; el papel clave de los técnicos y los legados.
Las atajadas de Ubaldo Matildo Fillol cimentaron la gloria fundacional de 1978. El «Pato» llegó a ese Mundial en el mejor momento de su carrera y lo ratificó partido a partido luego de la fase de grupos. El penal que le detuvo a Deyna en Rosario ante Polonia, un mano a mano que le tapó a Gil ante Brasil y las dos pelotas que le sacó a Johnny Rep en el primer tiempo de la final con Holanda en el estadio Monumental resultaron claves en cada juego y en el balance de la campaña. El arrojo, la potencia física, los reflejos, la determinación y la convicción ganadora de Fillol siguen haciendo historia. Por algo está en el podio de los grandes arqueros argentinos de todos los tiempos.
Fillol dominó el arco de la Selección entre 1978 y 1985. Jugó el Mundial de 1982 en España, participó de las dramáticas Eliminatorias de 1985 y tras la clasificación, Carlos Bilardo lo dejó de lado y optó por Nery Pumpido. El arquero de River hizo un Mundial correcto en México sin grandes errores pero sin atajadas decisivas. Respaldó con seguridad al equipo campeón del mundo y con el avance de los partidos, fue transmitiendo confianza hacia adentro y hacia afuera.
En cambio, Emiliano «Dibu» Martínez acaba de llegar a la idolatría máxima en Qatar. Y costará bajarlo de allí en el futuro. Luego de Lionel Messi, fue el jugador argentino más determinante del Mundial. Una estadística lo desfavorece: le remataron diez veces al arco en los siete partidos y le marcaron siete goles. Pero resultará invencible en la memoria histórica: sus tapadas mano a mano ante el australiano Kuol y el francés Kolo Muani en el último momento de la final y los tiros desde el punto del penal que les atajó a van Dijk y Berghuis en la definición ante Países Bajos y a Kingsley Coman en la finalísima con Francia fueron decisivos. Sin esas atajadas, Argentina no hubiera sido campeón del mundo. Así de simple.
Casi que resulta superfluo resaltar lo que fueron Mario Kempes en 1978, Diego Maradona en 1986 y Lionel Messi ahora en Qatar. Tal vez parezca exagerado sostener que llevaron a sus equipos de la mano al título. Pero tampoco es tan errado. Compartieron el número de la camiseta y la trascendencia y sus imágenes ganadoras son la postal irrompible de cada gloria. Kempes sigue siendo el único que ganó la Copa del Mundo, el Balón de Oro al mejor jugador y el Botín de Oro al goleador de 1978. Diego llegó a México en 1986 como el mejor jugador del mundo y se fue como un héroe del fútbol. Y Messi a los 35 años en Qatar pulverizó todos los asombros y todos los adjetivos. Ganó el único título que le faltaba y generó la fiesta más grande que haya vivido la Argentina. Kempes, Maradona y Messi, eternos como el agua y como el aire.
César Luis Menotti fue bastante estable en el armado de la Selección campeona de 1978. Fillol, los cuatro defensores, Américo Gallego y Kempes jugaron los siete partidos y en todo caso, hubo retoques del medio en adelante que terminaron beneficiando a Kempes que, como cuarto delantero viniendo desde atrás, hizo dos goles ante Perú y los dos de la final con Holanda después de haber sido extremo izquierdo y centroatacante. La gran revelación de esa Copa terminó siendo el santiagueño Luis Galván, el zaguero de Talleres de Córdoba, que entró de última al equipo y dio cátedra de cómo defender con intuición, jerarquía y limpieza de recursos. Invulnerable en los mano a mano y en los cruces a los laterales, su actuación con Holanda fue una clase magistral de cómo debe jugar un primer marcador central.
En México 1986, detrás del brillo refulgente de Maradona, las revelaciones fueron varias: José Luis Brown no llegó bien a ese Mundial, pero jugó los siete partidos y coronó su gran actuación como líbero haciendo el primer gol de la final con Alemania. José Luis Cuciuffo terminó siendo un stopper muy eficaz por la derecha, en los últimos tres encuentros, Héctor Enrique fue la pieza suelta que el equipo necesitaba para jugar mejor del medio hacia arriba y Jorge Burruchaga remató una final estupenda marcándole a Alemania el gol que le dio la Copa a la Argentina.
Si el Mundial de Qatar se hubiera jugado a mitad de año, es posible que Julián Álvarez y Enzo Fernández no hubieran tenido tiempo para estar en el plantel argentino. Pero el semestre adicional y la rápida adaptación que ambos hicieron al arribar a Europa les abrió paso no sólo en la lista definitiva sino en el equipo titular. Desde el partido con Polonia, Julián se quedó en el puesto que era de Lautaro Martínez y con los cuatro goles que anotó en la Copa, la intensidad de su despliegue con y sin la pelota y el modo en el que se mezcló con Messi redondeó un Mundial inmejorable.
Enzo Fernández recién entró al plantel en la última ventana de amistosos de septiembre y cada vez que ingresó, le cambió al aire a la Selección hasta hacerse irremplazable. Se quedó con la posición de Leandro Paredes, hizo un golazo contra México y mostró categoría, personalidad y hasta cierto desparpajo. Como si los partidos no le pesaran nada. Por algo, ganó el premio al Mejor Jugador Joven del Mundial y Real Madrid y Liverpool están dispuestos a poner 120 millones de euros sobre la mesa para llevárselo ya mismo.
Ya fue dicho que Menotti en 1978 no movió mucho sus piezas. Jugó los siete partidos con un 4-3-3 con la diferencia que en los últimos tres ante Brasil, Perú y Holanda, el tercer volante fue un delantero retrasado (Kempes), Daniel Bertoni fue de puntero derecho por René Houseman y Oscar Ortiz ingresó como extremo izquierdo. Nunca hizo variantes para cerrar los resultados. En cambio, en México 1986, Bilardo arrancó con un 4-3-3 ante Corea del Sur, pasó a un 4-3-2-1 con Italia y Bulgaria, contra Uruguay plantó un 4-3-1-2 y recién desde Inglaterra en adelante, armó el 3-5-2 histórico (5-3-2 sin la pelota). Sólo repitió equipo entre Italia y Bulgaria y en los últimos tres partidos. Pumpido, Brown, Ruggeri, Giusti, Batista, Burruchaga, Maradona y Valdano tuvieron asistencia perfecta,
Lionel Scaloni bebió de esas fuentes y aunque el esquema inicial varió entre el 4-4-2 y el 4-3-3, lo acomodó cada vez que fue necesario dentro mismo de los partidos. Alternó 4-3-3, 4-3-1-2, 3-5-2 y 3-4-1-2. Y no le tembló el pulso para mandar al banco a titulares de todo su ciclo como Leandro Paredes y Lautaro Martínez. La línea de cinco apareció en los últimos 22 minutos ante México, en los últimos 12 con Polonia, casi todo el segundo tiempo con Australia, casi todo el partido con Países Bajos, los últimos 29 minutos con Croacia y curiosamente, no la aplicó en la final con Francia. Scaloni nunca repitió la formación inicial, solo Dibu Martínez, Otamendi, De Paul y Messi jugaron los siete partidos (de titular) y aprovechó a fondo los cinco cambios autorizados por primera vez en Qatar para flexibilizar el equipo al máximo.
Si algo hermana a las tres selecciones campeonas del mundo es la angustia. Debieron sufrir mucho para llegar adonde llegaron y acaso ninguna haya tenido que soportar lo que soportó la de 1978, jugando en Buenos Aires y Rosario bajo la tétrica mirada de Videla, Agosti y Massera. La Selección de Menotti perdió inesperadamente 0-1 con Italia en la fase de grupos y debió ir a Rosario. Y estuvo a punto de quedarse con las manos vacías en el último minuto de la final con Holanda con aquel remate de Rensenbrink que dio en el palo y dejó al país sin aliento.
En 1986, la Selección de Bilardo la pasó feo cuando ingresó Rubén Paz en los últimos veinte minutos contra Uruguay y cuando entró el moreno Barnes e Inglaterra le terminó llenando el área de centros. Uno de esos centros, Olarticoechea lo rechazó con la nuca cuando Gary Lineker entraba por el segundo palo para marcar el empate. En la final, todos recuerdan la remontada de Alemania que en ocho minutos apenas transformó el 0-2 en un 2-2 con dos cabezazos de Karl Heinz Rummenigge y Rudi Voeller. Cuando daba la impresión de que el partido se encaminaba al alargue, la angustia se destrabó con la corrida y el gol de Burruchaga a seis minutos del cierre.
Los padecimientos en Qatar están demasiados frescos para rememorarlos. La derrota inicial e impensada ante Arabia Saudita, el final del partido de octavos con Australia, el 2-0 que se hizo 2-2 alargue y penales con Países Bajos y la increíble final con Francia que casi se pierde en la última pelota del suplementario convocaron a un sufrimiento que desde Doha se desparramó a toda la Argentina. No fue fácil prender las tres estrellas doradas del escudo de la AFA. En 1978, en 1986 y mucho menos en 2022.
La sucesión de los campeones de 1978 fue inmejorable. Diego Maradona, Ramón Díaz, Gabriel Calderón y Juan Barbas, campeones mundiales juveniles en 1979, jerarquizaron un plantel en el que Fillol, Baley, Olguín, Luis Galván, Passarella, Tarantini, Ardiles, Gallego, Kempes, Valencia y Bertoni hicieron el viaje de la Argentina a España. Sin embargo, la química no se dio, el hambre de gloria resultó insuficiente y esa Selección se quedó en las vísperas, decepcionando lejos de todo.
Los campeones de México ’86 llegaron desgastados al Mundial de Italia ’90. La adicción de Diego sumó complicaciones para un plantel en el que sólo Pumpido, Ruggeri, Olarticoechea, Giusti, Batista, Burruchaga y Maradona subsitieron entre una y otra Copa y al que se le agregaron Sergio Goycochea, Claudio Caniggia, Pedro Troglio, José Basualdo y Abel Balbo entre otros. El recambio fue menos virtuoso, pero el carácter del equipo y los penales que Goycochea atajó en las definiciones ante Yugoslavia e Italia llevaron a esa Selección al subcampeonato del mundo.
En cambio, el panorama asoma venturoso para los flamantes campeones de Qatar. Más allá de que es posible que Messi, Di María, Otamendi y Papu Gómez ya no estén en 2026, hay una amplia nómina (Dibu Martínez, Molina, Montiel, Romero, Lisandro Martínez, Enzo Fernández, Mac Allister, Julián Álvarez, Lautaro Martínez, Palacios y Almada) con edad suficiente como para figurar dentro de cuatro años, más otra lista (Tagliafico, Acuña, Paredes, De Paul, Dybala y Ángel Correa) que dependerá de cómo le vaya y donde esté jugando a la hora del Mundial. Y esto sin tomar en cuenta las promesas juveniles que puedan ir surgiendo hasta 2026 cuando llegue el momento de recorrer otra vez el camino rumbo a la gloria eterna.
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El intérprete, reconocido por un personal estilo capaz de asumir el cancionero de Astor Piazzolla y actuar en comedias musicales como “El diluvio que viene”, murió esta madrugada en Buenos Aires. Se desconocen las causas del fallecimiento.
El intérprete José Ángel “Pepe” Trelles, reconocido por un personal estilo capaz de asumir el cancionero de Astor Piazzolla y actuar en comedias musicales como “El diluvio que viene”, murió esta madrugada en Buenos Aires a los 79 años.
Las causas del fallecimiento todavía se desconocen hasta para sus amistades más cercanas como la cantante Marián Farías Gómez quien publicó la triste noticia en la red social Twitter.
Enseguida y en charla con Télam, la vocalista folclórica señaló que “la verdad que el dolor que siento es inmenso porque con ‘Pepe’ éramos muy amigos porque compartíamos nuestra manera de pensar social y políticamente y porque para mí fue uno de los cantores que más me transmitía cada cosa que cantara”.
“Así hiciera Piazzola, tango tradicional o canción melódica, José Ángel era un ser humano tan dulce tan intenso y un gran actor también. Es uno de esos que pocas veces encontramos en nuestro camino y lo voy a extrañar mucho”, dijo Farías Gómez.
Surgido de ciclos televisivos que promovían voces jóvenes, Trelles tuvo un gran espaldarazo profesional al ser convocado por Astor Piazzolla para integrar su Octeto Electrónico como intérprete de las obras con textos de Horacio Ferrer, con el que recorrió teatros de la Argentina y Brasil hasta llegar a actuar en el Carnegie Hall de Nueva York.
A lo largo de su trayectoria también cantó junto a Estela Raval, Víctor Heredia, Alberto Cortez, Raúl Lavié, Rubén Juárez, Héctor Stamponi, Daniel Binelli, el Sexteto Mayor y La Camerata Porteña, entre más, y fue parte de los elencos de varias obras de teatro, la más popular la musical “El diluvio que viene”, en 1979.
Otros títulos que lo contaron en su staff fueron “Juana Azurduy”, “El Principito”, “¿Qué has hecho de mí?”, “El patio de la Morocha”, “Lo que me costó el amor de Laura” y la operita “María de Buenos Aires”, también de la dupla Piazzolla-Ferrer, que encabezó junto a la italiana Milva.
Aunque fue reconocido como intérprete, Trelles también compuso y compartió con su amigo Sandro los créditos de dos canciones “Desde este lugar del mundo” y “Lo que no pudo ser”.
Más cerca en el tiempo y tras haber sido declarado como Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires en 2013, el artista denunció que le habían robado 29 veces en la agencia de lotería que tenía junto a su esposa, María, en la localidad bonaerense de William Morris, donde ella, además, fue baleada.
Pero, sin querer abandonar la huella, lanzó seis años atrás el disco «Hay que decir ahora», donde por primera vez asumió composiciones propias.
«Este disco es muy mío, muy testimonial. Hice una canción para mi viejo ‘El amigo que hoy necesito’, otra para mi mujer, llamada ‘Compañera’, porque me viene bancando las buenas y las malas desde hace 40 años”, dijo Trelles a Télam entonces.
A modo de balance del camino recorrido, apuntó en aquella entrevista que «con cada uno de los artistas que me tocó actuar y grabar aprendí muchas cosas pero sin temor a equivocarme puedo decir que mi etapa con Astor fue increíble, inolvidable y de permanente enseñanza en cada gira, en cada escenario. Si bien la experiencia duró solamente un año (en 1975), resultó muy intenso y pleno de sabiduría».
Y capaz de definirse artísticamente, añadió: “Soy un cantor popular argentino con ganas de mostrar nuestra música por el mundo gracias a todas las que cosas que fui aprendiendo».
Siempre inquieto y capaz de expandir sus propias fronteras expresivas, en 2018 publicó su primer libro de cuentos «El Bar de Los Milagros».
Al conocerse la muerte de Trelles, en redes sociales otras colegas lo recordaron con cariño como Valeria Lynch (“Descansa en paz Pepe querido”), Julia Zenko (“Pepe Trelles. Buen viaje…”) y Patricia Malanca (“Uno de los preferidos de Piazzolla para sus tangos cantados. Muy compañero y muy buena gente”).
También el músico y compositor Dany Martin escribió en Twitter: “Me acabo de enterar de la partida de un amigo enorme y artista tremendo! Se fue José Ángel Trelles, cantor de Piazzola, el del maravilloso ‘El diluvio que viene’…Querido Pepe. A vos si que te vamos a extrañar”.
FUENTE: TELAM
En «Siete ensayos sobre la peste», el autor indaga sobre lo que «es una experiencia, una vivencia, una pesadilla que define la condición humana, tanto como la guerra, las migraciones, el sexo, el nacimiento y la muerte».
El nuevo libro del escritor y crítico Carlos Gamerro, «Siete ensayos sobre la peste», recuerda a la mejor genealogía del género en la Argentina, sin ir más lejos desde el título a las «Siete noches» de Borges, una tradición rioplatense que el autor de «La jaula de los onas» y «Facundo o Martín Fierro» honra con sobras a partir del recorrido de epidemias y pandemias en la literatura y las artes, desde la “Ilíada” de Homero hasta la serie “Walking dead”, para interpelar la experiencia contemporánea.
A partir del libro publicado por Taurus, Gamerro explica que la literatura de la peste puede tener una función, «digamos, práctica» (qué precauciones tomar, cómo reaccionar ante la enfermedad de un ser querido, qué disposiciones sanitarias seguir) que es la que puede parecer más importante en tiempos de epidemia y otra «que podríamos llamar existencial: la peste ha estado con nosotros desde siempre, ha acompañado, y contribuido a dar forma a todas las sociedades y asociaciones humanas».
«Es una experiencia, una vivencia, una pesadilla que define la condición humana, tanto como la guerra, las migraciones, el sexo, el nacimiento y la muerte», explica el escritor nacido en 1962 en Buenos Aires. Uno de los aspectos que le interesaba explorar a Gamerro es cómo la vivencia de atravesar una pandemia nos cambia no sólo como sociedad sino como personas: «son cambios irreversibles aunque no nos demos cuenta, y la primera reacción, después de terminada la epidemia, o al menos cuando se hayan aplacado sus terrores más extremos, es olvidarla, volver a la vida de antes: un anhelo natural, comprensible, que manifiestan los personajes de Defoe, de Saramago, de Camus… pero condenado al fracaso, o al autoengaño», explica el escritor a Télam y agrega: «Después de una epidemia somos otros, para siempre. Leer esta literatura nos ayuda a aceptarlo, y a tratar de entender en qué nos hemos convertido».
-Télam: ¿Cuál es el disparador que la peste tiene para reunir relatos, escribir novelas o ensayos alrededor del tema?
-Carlos Gamerro: Hasta hace unos cien años se creyó llegado el fin de las epidemias, y la humanidad, sobre todo en el mundo desarrollado, por eso se olvidó de lo que estas pueden hacernos, y se desentendió de preverlas. Y así la que estamos viviendo nos tomó de sorpresa: no hablo sólo de la ciencia, o de los gobiernos, sino de cada uno de nosotros: la mayoría de las catástrofes, sean naturales, como inundaciones, terremotos o tormentas, sean de factura humana como el hambre, los desplazamientos forzados y la guerra, tienden a cohesionar las familias, los grupos, las naciones. La epidemia en cambio es un gran disolvente de los lazos sociales: las otras personas son fábricas de virus, de contagio, de muerte: mi congénere es mi enemigo.
-T.: ¿Eso es lo que aparece en la ficción?
-C.G.: A ese punto iba: las películas de zombis y muertos vivos metaforizan estas fantasías: si mi hermano, mi madre, mi hijo, son mordidos y se convierten, ya no sólo tengo el derecho, sino el deber de matarlos antes de que sigan esparciendo el mal. Así, la epidemia alimenta dos fantasías paranoicas opuestas y simétricas, que en mi libro llamo la hobbesiana y la orwelliana, respectivamente. En la primera, la peste produce un colapso civilizatorio: es el sálvese quien pueda, los gobiernos colapsan, los lazos sociales se disuelven, la humanidad revierte a un estado de barbarie primitiva. Es el guion de toda película de muertos vivos que se respete, y su primera manifestación literaria es quizá la novela «La peste escarlata» de Jack London. Esta idea de una ‘reversión’ al tribalismo es puro mito: como queda claro en la novela de London, el estado de todos contra todos tiene menos que ver con el salvajismo primitivo que con el capitalismo moderno.
En la segunda, los gobiernos se aprovechan de la epidemia, o directamente la inventan, para instaurar un régimen totalitario, una sociedad de vigilancia minuciosa y perfecta. Se trata, como señalé, de fantasías: nada de eso sucede en novelas que, como las de Defoe y Camus, tratan de recrear el modo en que las pestes efectivamente han sucedido en la historia. Pero las fantasías paranoicas, las teorías conspirativas, la imaginación desbordada, el pánico irracional, son una parte integrante de la epidemia, tanto como los virus, el sistema médico y la muerte; y las obras que exploran este aspecto de la epidemia son igualmente importantes e instructivas.
-T.: ¿Y esa pasión despertó en vos leer literatura sobre el tema?
-C.G.: La literatura occidental empieza con una epidemia: la que cae sobre el campamento griego en el Libro I de «La Ilíada», y es causa indirecta de la disputa entre Agamenón y Aquiles; también con una epidemia se inicia la acción de «Edipo rey», pues es ésta la que desencadena la fatídica busca de Edipo; la victoria de Esparta en la Guerra del Peloponeso se debió en buena medida a la epidemia que devastó Atenas, acabando con, entre otras, la vida de Pericles, como leemos en «La historia de la guerra del Peloponeso» de Tucídides, el primer relato histórico sobre los efectos de una epidemia, y modelo para los que seguirían, incluyendo el poema filosófico de Lucrecio, «De rerum natura». Habrá obras en que la peste sea apenas un episodio que interrumpe el curso de otras actividades, como la guerra, en la obra de Tucídides; en otras, la epidemia trae inesperados beneficios, habilitando los deseos prohibidos y las conductas reprimidas, como sucede en el «Decamerón», en «Muerte en Venecia», en «El amor en los tiempos del cólera»; especial mención merecen novelas como el «Diario de año de la peste» de Daniel Defoe o «La peste» de Camus, que se ciñen por completo a la historia de la epidemia, narrando cómo la vida de la comunidad toda: porque a diferencia de la mera enfermedad, la epidemia es siempre – aunque el relato ponga a veces el ojo en unos pocos individuos – una experiencia colectiva.
-T.: ¿Cómo marcó la literatura argentina el tema de las pestes?
-C.G.: En la literatura argentina la marca no ha sido muy fuerte hasta ahora, seguramente esto cambiará con la actual pandemia, cuya literatura se está escribiendo en este momento. La fiebre amarilla de 1871 no dejó gran huella en nuestra literatura, no mucho más que alguna mención en el poema «Muertes de Buenos Aires» de Borges; y la gran pandemia de influenza, mal conocida como gripe española, aun menos. Es una pena: en ausencia de una tradición oral, de una memoria colectiva, la literatura podría haber ayudado a que estuviéramos mejor preparados para entender lo que empezó a pasarnos en 2020. Sí aparecen relatos, retazos de historias, de las epidemias que diezmaron a nuestros pueblos originarios, como la viruela negra que se abate sobre las tolderías en «La vuelta de Martín Fierro» y causa la muerte de Cruz (y también, indirectamente, del gringuito cautivo que los indios ahogan «en un charco, por causante de la peste»). Pero Fierro está más contento que triste con el asunto: le parece bien que los indios mueran como moscas, y sólo lamenta que se lo hayan contagiado a Cruz antes de hacerlo.
En «Una excursión a los indios ranqueles» de Lucio V. Mansilla también se narra cómo cae el azote de la peste sobre los indios, pero esta vez con una mirada humanitaria y compasiva. Los gérmenes y virus que los blancos trajeron desde Europa hicieron la mayor parte del trabajo sucio: sin ellos la conquista hubiera sido mucho más ardua, y más lenta.
También en la literatura la peste puede funcionar como aliada de la conquista: en «Crónicas marcianas» de Ray Bradbury, la varicela aniquila a los marcianos tras la llegada de los humanos a Marte; aunque en la anterior «La guerra de los mundos» de H.G. Wells es al revés: los marcianos invaden la Tierra y nos van exterminando con suma facilidad, cosechándonos como verduras, hasta que las bacterias terrestres acaban con ellos. En la conquista de América hubo al menos un episodio parecido: la fiebre amarilla acabó con los más de sesenta mil hombres que Napoleón envió a Haití para sofocar la rebelión de los negros y reinstaurar la esclavitud en la isla: eventos que también dejaron su huella en la literatura, notoriamente en dos grandes novelas de Alejo Carpentier, «El reino de este mundo» y «El siglo de las luces».
-T.: ¿Cómo ubicás las diferentes «pestes» en tu libro?
C.G.: En este libro me centro no sólo en cómo se vive la experiencia de la peste, sino cómo se la cuenta, y como se la explica a quienes no la vivieron. En uno de los capítulos, titulado «El estilo de la peste», contrasto por ejemplo la exaltación romántica, plena de apóstrofes, exclamaciones, alusiones mitológicas y elevaciones sublimes de, por ejemplo, Mary Shelley en «El último hombre», una extensa novela sobre una epidemia imaginaria que acaba con la humanidad, con el estilo periodístico, llano, informativo, de Daniel Defoe. Camus caracteriza de ‘meticuloso y sin brillo’ al estilo de la peste en su novela, pero en su posterior obra teatral «El estado de sitio», que cuenta cómo una peste personificada termina gobernando a todo un pueblo hasta que la gente deja de creerle y se rebela contra ella, se deja llevar por el impulso lírico-poético y el resultado es patético. También es muy importante tener en cuenta si la obra en cuestión está hablando de la peste en sí misma, o como metáfora de otro mal cualquiera: «La peste» y «Ensayo sobre la ceguera» de Saramago se dejan llevar por la tentación alegórica: la peste que cae sobre Orán es una metáfora de la guerra y de la ocupación, y en la novela de Saramago la ceguera que contagia a toda la población es la de nuestra inhumanidad, egoísmo, o la del sistema capitalista, etc. etc. En la novela de Defoe, en cambio, la peste no es otra cosa que la peste. Es por eso quizás que resulta la más interesante, la más honesta y verdadera de todas las escritas sobre el tema.
FUENTE: TELAM
Tiene las mismas características que el balón que se usó hasta ahora, Al Rihla, pero un diseño con fondo dorado, motivos triangulares inspirados en los desiertos que rodean a la ciudad de Doha y tiene estampada la bandera de Qatar.
La FIFA presentó este domingo la nueva pelota que será utilizada en los últimos cuatro partidos del Mundial de Qatar 2022 y que lleva el nombre de Al Hilm, que en español significa «el sueño».
El partido que disputaron Francia e Inglaterra en el estadio Al Bayt fue el último de la «Al Rihla» ya que a partir de semifinales se usará el nuevo diseño que anunció la FIFA.
Al Hilm tiene las mismas características que Al Rihla pero un diseño con fondo dorado, motivos triangulares inspirados en los desiertos que rodean a la ciudad de Doha y tiene estampada la bandera de Qatar.
La novedad de las pelotas en esta Copa del Mundo fue la introducción de la tecnología que permite la detección del fuera de juego.
Por este motivo, todos los balones son cargados en una estación especial mediante un cable USB para alimentar la energía de los chips que recaban la información para los árbitros y también la medición de los jugadores.
La nueva Al Hilm se usará en las semifinales Argentina- Croacia y Francia-Marruecos; en el partido por el tercer puesto; y en la gran final del 18 de diciembre en el estadio Lusail.
La pelota Al Rihla («el viaje») dejó un promedio bajo de goles de tiro libre ya que solo se convirtieron dos en 60 partidos.
Ambos fueron en la fase de grupos y fueron marcados por el inglés Marcus Rashford contra Gales y el mexicano Luis Chávez ante Arabia Saudita.
FUENTE: TELAM
El secretario de Industria y Desarrollo Productivo recalcó que el plan gubernamental es «estabilizar la economía sin llevarla a una recesión y a una pérdida en el poder adquisitivo».
La tasa de inversión en el país «es la más alta de los últimos diez años» al situarse en el 22% del Producto Bruto Interno (PBI), afirmó este sábado el secretario de Industria y Desarrollo Productivo, José Ignacio de Mendiguren, al tiempo que recalcó que el plan gubernamental es «estabilizar la economía sin llevarla a una recesión y a una pérdida en el poder adquisitivo».
«Hoy la inversión en la Argentina está en el 22% del Producto y es la más alta de los últimos diez años; esto quiere decir que es mentira que se está en una crisis terminal», subrayó de Mendiguren en diálogo con AM 750.
Del mismo modo, indicó que «hoy, de las 24 provincias, 22 tienen casi pleno empleo» y la clave estará en «mantener este nivel de actividad y la inversión».
Según el funcionario, estabilizar la macroeconomía y mantener el salario no son disyuntivas entre sí.
«La decisión política de este Gobierno, a diferencia de todos los otros planes de estabilización, es de estabilizar preservando el poder adquisitivo del salario», aseveró.
En ese sentido, cuestionó a la administración de Mauricio Macri: «Con la oposición gobernando, sin guerra ni pandemia, de cuatro años caímos tres».
Por el contrario, «por primera vez en muchos años -recalcó- queremos salir de la crisis por arriba, creciendo y no ajustando; porque cada vez que se ajustó la economía cae la actividad, el empleo y el salario, y por ende cae la recaudación y, por ende, nunca se logra el equilibrio fiscal».
No obstante, De Mendiguren reconoció que «el problema de hoy es que la plata no alcanza».
Según el secretario, el Gobierno, para recuperar al salario, considera como un «elemento importantísimo dentro del plan de estabilización» la convocatoria al Consejo del Salario y las paritarias, junto a una «lucha muy fuerte contra los precios».
Respecto a esto último, el funcionario señaló que «hay mucha resistencia por parte de gente que le ha ido muy bien».
«Cuando se ven los números y balances de las compañías hubo ganancias importantes, que quiere decir que lo que falla es la distribución», puntualizó.
«Queremos salir de la crisis por arriba, creciendo y no ajustando; porque cada vez que se ajustó la economía cae la actividad, el empleo y el salario, y por ende cae la recaudación y, por ende, nunca se logra el equilibrio fiscal»José Ignacio de Mendiguren
Además de reducir la inflación, otra prioridad -indicó- es la de evitar una devaluación.
«Todos saben que una devaluación brusca con el nivel de inflación que hay sería gravísimo», manifestó.
En ese marco, defendió la acumulación de reservas a través de iniciativas como el Programa de Incremento Exportador (PIE) o «dólar soja», a través de sus dos ediciones.
«Se buscó al único sector que puede traer US$ 5.000 millones ya que ningún otro puede y es el que menos impacta en el mercado interno porque sólo el 8% se consume internamente», explicó de Mendiguren.
«Nadie quiere cinco tipos de cambios y una brecha que se presta a todo tipo de avivadas. El tema es como salir de esta etapa»José Ignacio de Mendiguren
En ese marco, recordó que una vez determinada la cifra recaudada, una parte de la misma se redirigirá a la Anses y otra a las economías regionales.
«Nadie quiere cinco tipos de cambios y una brecha que se presta a todo tipo de avivadas. El tema es como salir de esta etapa», agregó.
Finalmente señaló que «hoy la Argentina está en un momento bisagra» al encontrase «al borde de dar el salto definitivo al desarrollo con el litio, el gas, el petróleo, la minería y la agroindustria».
«Si el campo nacional está unido, vamos a ser propietarios de esos recursos; si se divide, vamos a ser inquilinos», concluyó.
FUENTE: TELAM